Tuesday, May 15, 2007

Las eróticas aventuras de caperucita roja

Caperucita roja es una chica medio subnormal que se viste de una forma inapropiada para su edad. De hecho, se opera de una forma inapropiada para cualquier edad, a medio camino entre Yola Berrocal y la Baronesa Thyssen. Tanta silicona y tanto punto de sutura le ha afectado seriamente a la psique, algo en lo que su familia desestructurada no ha ayudado.


Caperucita vive con su madre en una casita de dibujos animados diseñada por el pedófilo que despidieron de la productora de Los Pitufos. La madre es una señora que no sé como se llama porque he visto la película en italiano y hablaban como si chirriaran puertas. Lo que sí sé es que, a parte de ser una obsesa sexual masturbadora compulsiva de tetas gigantes, tiene un gran don para el contorsionismo. El dormitorio de la madre huele a semen y tiene sábanas de pensión de mala muerte, pero eso no la cohibe para realizar la postura de la avellana en su simiesco onanismo.
Sin venir mucho a cuento, en una taverna cerca de casa de Caperucita, la camarera se despelota encima de una mesa (no se quita las típicas medias negras de camarera, a juego con el bosquecillo púbico, empero), y se deja horadar por la clientela local y por el cocinero, que le tenía ganas.

Lo más innovador de esta gangbang precoz es la aparición del plano vaginal, donde vemos la polla del penetrador incrustándose entre las paredes carnosas de la camarera, para disparar la lefa sobre la tupida alfombrilla de la moza.

En un alarde de vanguardismo, las escenas vienen precedidas de una ilustración que, seamos francos, solo se parece en el decorado. Caperucita se despide de su madre cachonda y tetuda y emprede un viaje iniciático a casa de su abuelita. La madre, que tiene mucho calor, acoge a dos leñadores en el patio trasero de su casa para que le echen una mano y lo que se tercie.

La influencia de Leone se nota en la dirección, con algunos planos de spaguetti western altamente desagradables. La madre se dejará comer todo lo negro y parte de lo rosa a partir de ahora, y durante toda la película no hará otra cosa. Como si de una película de Bergman se tratara, protagonizara una larga escena de conocimiento recíproco con los duros (y repeinados) leñadores.
Caperucita se cruza por el bosque con el sombrerero loco de Alicia en El País de las Maravillas, en un acontecimiento que ni se explica ni viene a cuento. Ella va dando saltitos por el camino (un descampado con dos árboles de hoja caduca, muy caduca), y dejándose perseguir por un tipo vestido de negro que se deduce que es el lobo macarra (y voyeaur).

Viendo a la abuelita ya deducimos de donde salen los genes de la madre. La abuelita se toca con todo lo que tiene a su alcance, en unos minutos que tuve que pasar rápido por el bien de mi menoscabada salud mental.


La madre sigue dale que te pego con sus dos amigos, haciendo performances con su poderosa habilidad autoreflexivotántrica, que los leñadores se toman a cachondeo. El doble oral solo consigue esparcirle el pintalabios por toda la cara.

Caperucita se encuentra a una pareja copulando en el campo, y como tiene tiempo libre y no hay un río cerca donde lavarse el coño, decide que ha llegado el momento de frotarse la lámpara mágica, porque ya se sabe que las mentes cortas tienen tendencia al exceso, y Caperucita no va muy sobrada. El lobo se pone como loco viéndola a ella tocarse mientras la pareja echa el polvo más soso que ha visto ese solar de yonkis.

En un giro argumental sin precedentes, Caperucita se encuentra con dos figurantes de Sensación de vivir recién salidas de su máquina del tiempo de los 80. Se alegran mucho y hablan entre ellas (en italiano) hasta que aparece un enano negro vestido de paje de rey mago que decide que aquí solo se practica el francés.

El enano zumbón se las lleva a una casa rural y se ventila a la mulatilla (solo da para una), mientras la rubiaca se va a buscar a Ron Jeremy para que la satisfaga. El negro no da para mucho, y enseguida se corre en un facial y desaparece de escena. Siento no entrar en detalles, pero estaa tomando primperán para poder seguir visionando esto.

Ron Jeremy sí que tiene para todas, y fornica sin descanso con la parejita, mientras Caperucita sigue su camino para ver a la abuelita Kurtz. Jeremy no defrauda: es un puto gordo, feo, barrigón y paticorto que las destroza con embestidas que harán las delicias de cualquier enfermo que se identifique con él. Ron las riega con profusión para dejarlas empapadas, y que la historia siga su curso (si alguna vez ha tenido alguno).

El lobo, que ya no puede más con la calientapollas de Caperucita, se dirige también a casa de la abuelita. Allí, se la cepilla sin mucha resistencia por parte de la anciana, que parece bien predispuesta a todo lo que el licántropo le propone. Es curioso que la casa de la abuelita guarde un asombroso parecido con la de la madre, pero debe ser cuestión de gustos similares, porque hay una colcha sucia encima de la cama que las diferencia. El lobo ama tanto y tan fuerte que la mata, así que la esconde (a pulso) en el armario, se disfraza con su ropa en una escena de tranformismo absolutamente inverosímil, y espera a que llegue Caperucita.
Ella no se está por hostias, y los acontecimientos se precipitan: Caperucita descubre el engaño y, ya que está puesta, se lo folla con ganas, lo que da lugar a una de las corridas más cutres de la historia del cine, con unos dibujos animados que darían verguenza ajena al creador de los Fruitis.

3 comments:

Questionaire said...

Voy a quedar con unos amigos para NO verla.

albert said...

Señor Questionaire, yo tambien quiero quedar con usted para NO verla.

divadelro said...

Ostras, que recuerdos...aun la tengo por casa en edicion original en 2 cintas de VHS...cuanto tiempo ha pasado...creo que volvere a enchufar el video...