Wednesday, February 28, 2007

Ella suplica (una historia de ficción)



Que venga el Instituto de la Mujer a quejarse por la iniciativa suplicante de esta mozalbeta.

Thursday, February 22, 2007

El ariete

El delantero centro demuestra su instinto asesino enfrentándose a dos duras rivales.


Regatea y dribla , para internarse en el área contraria.

Le gana la espalda a la defensa e introduce el esférico en la porteria.

Monday, February 05, 2007

La Señora de los Anillos


En la Tierra Media es un paraiso de imágenes de archivo del peor documental sobre la tundra siberiana. Una figura delgada, ataviada de una túnica reluciente y un cono de tráfico azul como gorro, la atraviesa nervioso... Se dirige a Hibbiton, el hogar de los Hibbits, entrañables criaturas sin más particularidad que todas sus féminas son morenas de pelo liso y enorme parecido entre si. No tardaremos en comprobar por qué en este idílico paraje todo el mundo se parece...



Los Hibbits son de lo más fogoso. Uno de los primeros diálogos, entre dos mozalbetas, es el siguiente: "Deja de follar a la hora de la cena" "Sí, sí, pero el pollo asado me llena como una buena polla". Ellas llevan blusas clásicas con armillas en la parte superior, y un tanga con panties en las piernas: es lo más en la Tierra Media. Es primero de mayo, y hoy toca follar. No se sabe bien sobre qué calendario rigen en Hibbiton, pero el día del trabajador allí se conoce como día del copulador. Es fácil verles en cualquier riachuelo, fornicando sobre un puente, en parejas o trios, con tantas ganas de carne que ellas no se contentan con uno solo, y van picando de flor en flor, como las abejitas, cual lindos Hibbits que son.


Sodo Bolsón es la última campeona de Hibbiton de Maquillaje en la cara para disimular el acné. La pobrecita no es muy agraciada, con esa mandíbula partenueces y su capacidad para silbar sin cerrar la boca. También tiene talento para hacer otras cosas sin cerrar la boca, como demuestra en la plaza mayor del pueblo, cuando se encuentra a un hibbit cachondorro que atentamente se le ofrece con la galante prueba esto, sé que te gusta. ¿Has visto algo más bonito? Ella, que no se puede resistir, responde que bien, pero solo un poquito. A Sodo no le importa que el miembro del pueblerino esté flácido como un churro aceitoso y frío, y lo moja bien en su crema.
Está visto que la economía de Hibbiton se basa en los comercios de cremas de depilación y cuchillas de afeitar, a juzgar por la impoluta higiene que presenta los escrotos de los hibbits y las conchas de sus conciudadanas. A pesar de eso, muy originales no son, y se centran más en la cantidad que en la calidad, dando como resultado unos folleteos más bien aburridos, basados en dos posturitas de dificultad cero, y un par de corridas faciales que no pasarán a la historia de los cum-in-the-face.


El Mago Bindolf, interpretado por Jon Voight con una peluca del Menkes, llega por la noche a casa de Sodo Bolsón, y se pone tontorrón. Ella sigue con sus panties (no hay que negar que tiene un culo todopoderoso), lavando los platos, y Bindolf presenta una enorme excitación. Resulta que Sodo lleva colgado del cuello un anillo (de plástico, por lo que vemos) con unas letras en cursiva escritas en él. Exactamente, el primer plano del anillo dura 45 segundos sin moverse, mientras Bindolf habla. El anillo que los une a todos y bla bla bla, un rollo que ya conocemos, y que solo sirve para certificar que Bindolf no se siente atraído por Sodo, ya que se echa a dormir al rato de acabar la cháchara. Esa misma noche, una sombra rara aparca el caballo ante la puerta de Bolsón Abierto, deja el freno de mano puesto, e intenta abrir el pomo sin tocarlo, como el Drácula de Coppola. Como esto no es de Coppola, sino de Coppula, Bindolf se percata que Sodo iba hipnotizada a recibirle, y se interpone en el camino, ahuyentando a la sombra. Que si ese es uno de los malos, vaya una mierda, porque con un par de gritos se espanta y se vuelve a Mordor...
Bindolf avisa a Sodo que está en peligro grave, y que debe ir, acompañada de su lasciva amiga Sammie (que le da mil vueltas), a la taberna Black Horse, a tres días de camino. Bindolf no irá a visitar a Semmenman, ojo, sino que quedará con ellas en la ciudad de los elfos, por lo que no se entiende que vayan por separado. Pero hay tantas cosas que no se entienden de este tio con peluca blanca...


Danathorn las espera en The Black Horse (o De blac jors, como dice Bindolf), ataviada con un sujetador metálico y un tanga comprado en una tienda de chinos, y calzando unas botildes de vértigo, que distraen de su rostro quadrado, germánico, la versión pálida del demonio de Legend. En la taberna, donde las velas brillan demasiado, solo hay un puñado de machotes y ella. Cuando las hibbits entran, todos las miran con una mezcla de recelo y trempamiento. Ellas preguntan por Striker y la rubia germánica salta como por un resorte diciendo que es ella, pero que se llama Danathorn. Esperadme fuera, enseguida salgo, les ordena. Irá a pagar, piensas. Tendrá algún asunto pendiente que resolver. Querrá echar la quiniela antes de irse. Danathorn decide que, si el viaje va a ser largo, lo mejor es salir comida de casa, así que se arrima a la primera polla que pilla y empieza a succionar. Encima de la mesa, con la madera crujiendo, dale que te pego la grandullona rubia se marca un polvete con uno de los clientes, mientras las dos hibbits se esperan fuera, en el frío, haciendo vete a saber qué (es posible que intenten comprar cremas depilatorias, pero a esas horas las tiendas deben estar cerradas, y además no son tan buenas como las de Hibbiton).


A través de un festival de paisajes plastidecor, las hibbits llegan a la ciudad de los elfos, donde el farsante de Bindolf las recibe acompañado de dos hombretones. Uno es el Príncipe Darrian, lord de los Elfos y las Hadas, y va vestido como un paje de los reyes magos con chanclas de piscina. El otro es Lord Madrigal, y se da a entender que había tenido un affair con Danathorn (lo cual, estadísticamente, no es sorpredente). Con la excusa de ir a tomar algo, Bindolf les presenta el resto de la Comunidad del Anillo, que da auténtica pena. Ahí tenemos a Dimli, una amazona con una hacha, pero no la podemos ver porque le tapa el plano Tícides de Lesbos, de una raza de mujeres que fornican con mujeres que viven 1000 años. Para no complicarnos, llamaremos las cosas por su nombre, y a Tícides la llamaremos Silvia Saint, que demuestra una vez más que solo sabe actuar físicamente, porque de lo que es recitar frases tiene el talento de un pupitre de Ikea en una hoguera.


Sodo tiene graves problemas con el anillo. Su carga, tan pesada moral como fisiológicamente, no le permite tener orgasmos. Lo intenta masturbándose de forma frenética en una salita del castillo, junto a Sammie, que le dice que no tiene un consolodaro que nunca la ha fallado. Al negarse Sodo, y alegar que necesita un hombre, aparece de ipso facto el príncipe Darrian de las Chanclas Piscineras, con un ¿te sirvo yo? Dice usar magia elfo: no necesitan puertas y oyen a través de la pared. No tardará en demostrar donde tiene la varita mágica, y cómo la usa. Lo que está visto es que el anillo no le ha quitado el hambre, porque Sodo devora como pocas, y zampa con una profundidad y unas ansias fantásticas.




Danathorn no necesita muchas excusas para satisfacer la espada de su rey, y se chusca a Lord Madrigal en el claustro. Ella, con su tatuaje de dos futbolistas elfos en el abdomen, recibe con fruición por todos los orificios de tamaño dilatable de su cuerpo. Madrigal no habla, solo actúa, y se corre con retroceso, disparando sobre la cara de Danathorn con una velocidad peligrosa, que pega latigazo en la garganta de la germánica. Ella no es guapa guapa, pero se le agradece la dedicación con que lame el miembro después de la eyaculación, con cariño y atención, propia de una guerrera noble de su estirpe.

Con sus vestiditos del Menkes y sus botas del Interesport, se van de pachorra a Mordor, a destruir el puto anillo.

Mientras tanto, en Cannavan, el Marqués de Araciel con 30 años e insomnio tiene en su salita de estar a una tipa crucificada en trikini. Esta está siendo torturada (pero solo psicológicamente) por una rubiaca de mucho cuidado y tacones de 25 centímetros, enfundada en cuero negro, que promete arrancarle la piel y beberle la sangre. No sabemos quien son, ni tampoco se molestan en explicarlo, porque a la que nos distraemos la rubiaca ya tiene el pollote de Araciel en la boca, y ejerce luego de mamporrera en las penetraciones anales a la chica del trikini y los morros fucsia. El Joven Araciel se corre en la boca de la rubia, que pasa la lefa por el método gravitacional a la garganta de su presa. Esta sonríe y acepta el regalo con agrado.La felicidad en el potro de torturas, todo un hallazgo.


Dimli y Silvia Saint son atacadas por un puñado de orcos, en realidad dos tipos con máscaras de goma que hacen ver que son más. Silvia dispara el arco con la agilidad de alguien que toca el timbre de su habitación de hospital, y acierta en el ojo de uno. Otro recibe una patada en los huevos que le deja plegado. Dimli no hace nada, solo yace inconsciente en el suelo. Los orcos, cabreados, capturan a Silvia y amenazan con follarla, pero ella esconde un as en la manga.


Soy de Lesbos y solo me acuesto con mujeres. No sé follar con hombres. Es la excusa más idiota que se ha oído nunca para evitar ser violada por una panda de orcos. Pero Silvia la usa y le funciona (o eso, o que desde que se casó con el millonario solo puede hacer escenas lésbicas). Uno de los orcos (el del impacto genital), apuesta por matarla. Yo creo que es gay y está enamorado de su compañero de patrulla, pero entonces la película se llamaría Brokeback Mordor, y tiraría hacia otros vericuetos. El otro, el que coge a Silvia, tiene una idea genial: si solo follas con tías, deberás montártelo con Griselda. Griselda aparece de golpe de entre la grieta de un piedro enorme, y sonríe. Es como Gollum pero en tía y mal maquillada: con un diente pintadode negro, calva con pelos lacios y un berrugote enorme, no puede disimular un cuerpazo de aúpa. Silvia pone cara de asco hasta que Griselda le abre las piernas con sus manos (que tienen un anillo en forma de araña comprado en La Comercial Bolsera), y le lame todo el potorro. La cabeza maquillada de Griselda da un poco de grima, pero compensa ver a Silvia Saint, que se conserva fantástica, pasándose la lengua por los labios y moviendo las caderas mientras la Hibbit corrupta le introduce un dildo que guardaba en la piedra.



Los orcos se cansan de mirar, porque ya no pueden aguantar tanta sangre en su miembro cavernoso, y se dedican con amor a afilarle el hacha. Es curiosa la piel del orco: tienen la cara como plastificada y verdosa, no mueven la boca, y el resto del cuerpo es pálido y blancuzco. Más o menos como Sara Montiel, vamos.
Dimli la Amazona no opone la más mínima resistencia, sino todo lo contrario. Sin su colaboración, el trío no valdría una mierda, así que pone todo el empeño en succionar las trancas de los orcos, se ofrece con una extroversión no conocida antes en las amazonas, e incluso se permite y malabarístico anal-vaginal frontal en el que no para de reintroducir los pollotes que, resbalando resbalando, acaban por salir y fregar entre ellos en un acto más de demostración que entre los orcos existe algo más que amistad. Se confirma también que el semen de orco es tan blanco como el de cualquiera, ni verde ni amarillento, y que tiene un sabor exquisito, en vista de la glotona degustación a que es sometido por Dimli.

Con el plano de Dimli chupando pollas a dos manos, se confirma que es, con diferencia, la actriz más guapa del reparto. Silvia mata a Griselda de un flechazo y aparece Danathonr para ventilarse con la espada a los orcos, y así se da por finalizada la primera entrega de La Señora de los Anillos, una trilogía que no va a ninguna parte, y que deja bastante que desear... pero que como comedia es todo un hallazgo.