
Aunque ambas sucedan en Francia (una Francia fictícia, irreal en ambos casos), y ambas hablen sobre la comida, y contengan gags de slapstick físico, son dos películas distintas. Quizá en el emule no lo sean, pero eso ya es para los incautos que se quieren bajar una película de ratones animados y se bajan una de conejos animados.
Le tour anal es una producción de Private Sports, pero es de las flojas. El tour se ve más bien poco, y la cabeza del pelotón se ve sustituido por cuatro o cinco ciclistas más bien dispersos, de los que necesitan pocos motivos para bajarse de la bici para echar un casquete.
Los Contador, Armstrong i Ullrich de turno empiezan zumbándonse una bella campesina en medio de una viñas, ¡y vaya si ésta les saca todo el jugo posible!
En lo que parece una crono (porque va un ciclista todo solano al lado de un rio), el campeón decide perder el tiempo y posiciones en la clasificación al encontrarse con una chica a la que le gusta el rafting y frotarse con tios en mallas. Comoquiera que el calentón apremia y es una contrareloj, ella ni se quita el neopreno y él va a piñón fijo, que eso debe dejar unas rozaduras que no te permiten pedalear en meses.
Le tour anal es una producción de Private Sports, pero es de las flojas. El tour se ve más bien poco, y la cabeza del pelotón se ve sustituido por cuatro o cinco ciclistas más bien dispersos, de los que necesitan pocos motivos para bajarse de la bici para echar un casquete.
Los Contador, Armstrong i Ullrich de turno empiezan zumbándonse una bella campesina en medio de una viñas, ¡y vaya si ésta les saca todo el jugo posible!
En lo que parece una crono (porque va un ciclista todo solano al lado de un rio), el campeón decide perder el tiempo y posiciones en la clasificación al encontrarse con una chica a la que le gusta el rafting y frotarse con tios en mallas. Comoquiera que el calentón apremia y es una contrareloj, ella ni se quita el neopreno y él va a piñón fijo, que eso debe dejar unas rozaduras que no te permiten pedalear en meses.
Sin venir a cuento de nada (algo que es bastante habitual en cualquier producción de estas características), nuestros héroes llegan a un hangar donde se está rodando una peli porno (esto es metalenguaje y lo demás son tonterías). Bastan cuatro negras bailando en un coche vintage para que los ciclistas se lanzen al ruedo. Engañados, al fin y al cabo, porque en cuanto sacan sus nabos a pasear, son dos blancas (jamonarras, eso sí), las que sacian sus deseos de spinning horizontal.
Otro que se pierde (porque este ya no tiene excusa) es el tipo que llega a la playa, como si se hicieran etapas por la arena sin amenazas de Al Qaeda por en medio, y como la alegre bañista le hace tilín, decide calentarla un poco más al sol. Aquí se jode cualquier presunción de verosimilitud, no como hasta ahora, que era todo muy creíble. ¿Desde cuando hay una playa solitaria en Francia y en cualquier parte del mundo con una tía bien acabada dispuesta a chuscar con un pavo en casco de ciclista? ¡Y sin cobrar! El polvo es altamente decepcionante, casi misioneril, filmado con desgana.
Claro que para qué se van a matar, si la cosa ya cansa, y quien más quien menos ha manchado los kleenex que tenía para la ocasión, o se ha revolcado con su acompañante delante del televisor.
Otro que se pierde (porque este ya no tiene excusa) es el tipo que llega a la playa, como si se hicieran etapas por la arena sin amenazas de Al Qaeda por en medio, y como la alegre bañista le hace tilín, decide calentarla un poco más al sol. Aquí se jode cualquier presunción de verosimilitud, no como hasta ahora, que era todo muy creíble. ¿Desde cuando hay una playa solitaria en Francia y en cualquier parte del mundo con una tía bien acabada dispuesta a chuscar con un pavo en casco de ciclista? ¡Y sin cobrar! El polvo es altamente decepcionante, casi misioneril, filmado con desgana.
Claro que para qué se van a matar, si la cosa ya cansa, y quien más quien menos ha manchado los kleenex que tenía para la ocasión, o se ha revolcado con su acompañante delante del televisor.
La set piece de la enfermera que recoge a un Edmilson cualquiera y lo mete en una furgona está tan gastada que hasta es graciosa. Uniforme del Menkes y poco espacio en un vehículo atrotinao que sirve de preludio al final de la vuelta ciclista a Francia, de la que solo se ve la celebración. Es decir, la típica fiesta private de fin de flín: gang bang de pim pam pum en la que un servidor sufre por las rodillas de las felatrices y siente vergüenza ajena por las ropas de los ciclistas, quienes han demostrado que tienen una gran experiencia usando la mancha.
Le Tour Anal no es Rataouille, vamos.
Le Tour Anal no es Rataouille, vamos.

